viernes, 4 de febrero de 2011

V DOMINGO EL TIEMPO ORDINARIO

LECTURAS DOMINICALES

Isaías 58, 7-10 Surgirá tu luz como la aurora

Salmo 111 R/ El justo brilla como una luz en las tinieblas

Corintios 2, 1-5 Les anuncié el misterio de Cristo crucificado

Mateo 5, 13-16 Ustedes son la sal y la luz del mundo


El Evangelio de hoy (Mt. 5, 13-16) es la continuación del Sermón de la Montaña, que iniciamos el Domingo anterior con las Bienaventuranzas. Enseguida de éstas, el Señor nos dice: “Ustedes son la sal de la tierra... Ustedes son la luz del mundo”.
Y, para ser “sal de la tierra” y “luz del mundo” es necesario vivir el espíritu de las Bienaventuranzas. O sea que, para poder ser “sal” y “luz”, debemos:
· Ser pobres de espíritu (es decir, sabernos nada ante Dios y actuar de acuerdo a esta realidad);
· Ser también mansos y humildes;
· Ser misericordiosos y puros;
· Saber, además, aceptar el sufrimiento dándole valor redentor;
· Tener también deseo de santidad, andar seguros y serenos en medio de las críticas y las persecuciones.
· Y, adicionalmente, estar llenos de la Paz de Cristo para poder llevarla a los demás. Esto es, en resumen, el espíritu de las Bienaventuranzas.

Sólo viviendo esa aparente contradicción que son las Bienaventuranzas podremos cumplir con lo que nos pide el Evangelio de hoy: Ser “sal del mundo”.

Es necesario que seamos “sal”, porque:
· El mundo está insípido de Sabiduría Divina e intoxicado de sabiduría humana.
· El mundo está insípido de valores eternos e intoxicado de falsos valores.
· El mundo está insípido de espiritualidad e intoxicado de materialismo.
· El mundo necesita la sal que el cristiano puede proporcionarle.

Pero, sólo viviendo las Bienaventuranzas, podrá el cristiano darle sabor a este mundo insípido de lo que realmente es importante. Y lo único realmente importante son las verdades y los valores eternos.

Por cierto, fijémonos que también nos alerta el Señor de no volvernos insípidos nosotros mismos, pues se nos puede “echar fuera”, como la sal que no sirve.

En cambio, cuando se es “sal”, también se es “luz”.

En el Aleluya hemos recordado que Jesucristo es “la Luz del mundo” (Jn. 8, 12).

Y El nos hace ser partícipes de esa luminosidad suya, siendo nosotros resplandores de El. Así, al vivir las Bienaventuranzas, somos “sal”... y somos también portadores de la Luz de Cristo, porque somos reflejo de El.

Una de las Bienaventuranzas se refiere a los “limpios de corazón”. Esta pureza de corazón puede compararse con la limpieza de un vidrio.

Nuestro corazón debe estar tan limpio de las cosas que no vienen de Dios, tan limpio de los criterios que no son de Dios, tan limpio de los valores que no son los de Dios, que podamos ser como vidrios limpios que dejan pasar la Luz del Señor.

Para ser como vidrios trasparentes, limpios, debemos ser como Cristo, tener sus criterios, sus actitudes, sus formas de ser, sus formas de pensar y de actuar. Y la manera de ser de Cristo la ha resumido El mismo en las Bienaventuranzas. De allí que para reflejar a Cristo tenemos que vivir las Bienaventuranzas y reflejarlas en nuestro diario vivir.

Consecuencia de vivir las Bienaventuranzas, siendo “sal de la tierra” y “luz del mundo”, es la práctica de la Caridad, siendo reflejos del Amor de Dios.

Por eso la Primera Lectura del Profeta Isaías (Is.58, 7-10) nos habla de las obras de misericordia: dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, etc. Practicando la caridad -no como un acto de filantropía humana, sino como reflejo del Amor de Dios- también seremos luz. Nos dice Isaías que cuando se es misericordioso y caritativo, “surge tu luz como la aurora... brilla tu luz en las tinieblas y tu oscuridad es como el mediodía”.



NOTAS LITÚRGICAS

Color litúrgico: Verde

Misa propia del domingo V.

Se canta Gloria.

Se dice Credo.

Prefacio Dominical V.

Liturgia de las Horas Tomo III, semana I, I vísperas pág. 745, oficio de lectura pág. 750, laudes pág. 754, II vísperas 763 y el oficio del día pág. 152

De la feria de la V semana:

Lunes 7: De la feria de la V semana, color: Verde. Gn 1, 1-19/ Sal 104 (103)/Mc 6, 53-56

Martes 8: De la feria de la V semana, color: Verde, o
San Jerónimo Emiliano, Memoria Libre, color: Blanco, o
Santa Josefina Bakhita, Memoria Libre, color: Blanco. Gn 1, 20-24/ Sal 8/Mc 7, 1-13

Miércoles 9: De la feria de la V semana, color: Verde. Gn 2, 49-15-17/ Sal 104 (103)/Mc 7, 14-23

Jueves 10: Santa Escolástica, Virgen, Memoria Obligatoria, color: Blanco. Gn 2, 18-25/ Sal 128 (127)/Mc 7, 24-30

Viernes 11: Feria de la V semana, color: Verde, 0
Nuestra Señora de Lourdes, Memoria Libre, color: Blanco. Gn 3, 1-8/ Sal 32 (31)/Mc 7, 31-37

Sábado 12: Feria de la V semana, color: Verde. 0
Santa María en Sábado, Memoria Libre, Color: Blanco Gn 3, 9-24/Sal 90(89)/Mc 8, 1-10


MONICIONES


Monición de entrada:
Roguemos a Dios en la celebración de este domingo para que su Iglesia, ya cada uno de los cristianos, sean sal y luz para el mundo.

Primera lectura:
La verdadera liturgia debe saber reconciliar la oración y la acción, el sacrificio y la misericordia.

Segunda lectura:
Pablo no intenta convencer a los Corintios con su elocuencia. Simplemente aporta su testimonio de apóstol.

Santo Evangelio:
La sal y la luz dan vida al mundo. Así debe obrar también el cristiano.

Oración Universal:
Oremos, hermanos, al Padre del Unigénito, al Hijo de Dios eterno y al Espíritu, fuente de todo bien:

1. Por la santa Iglesia, inmaculada del Dios verdadero, extendida por todo el mundo, pidamos la plena riqueza del amor de Dios, roguemos al Señor.

2. Para los que gobiernan los pueblos y tienen en su mano el destino de los hombres, pidamos el espíritu de justicia y el deseo de servir con dedicación a sus súbditos, roguemos al Señor.

3. Por los débiles que se ven oprimidos y por los justos que sufren persecución, oremos a Jesús, el Salvador, roguemos al Señor.

4. Para nosotros mismos, pidamos al Señor un temor filial, un amor ferviente, una vida feliz y una santa muerte, roguemos al Señor.

Dios nuestro, que en la necedad de la cruz has manifestado cómo tu sabiduría está por encima de la prudencia del mundo, escucha nuestras oraciones y haz que comprendamos el verdadero espíritu del Evangelio, para que, fervorosos en la fe y fuertes en la caridad, nos convirtamos en luz del mundo y sal de la tierra.
Por Jesucristo, nuestro Señor.



Bibliografía:

Moniciones tomadas de “Moniciones para la Misa” de Juan Castex Anaya, Ed. Verbo Divino, pág. 166.

La Oración universal de “Roguemos al Señor” de Pbro. Pedro Farnés Scherer, Ed. Buena Prensa, 2010, pág. 152.

Homilía tomada de: http://www.homilia.org/homilia.htm

Notas litúrgicas tomadas de:
Calendario litúrgico-pastoral 2011, ed. Buena Prensa, México.

Misal Romano, Conferencia del Episcopado Mexicano, ed. Obra Nacional de la Buena Prensa, 17ª edición, 2008.

Liturgia de las Horas, Tomo III, Conferencia Episcopal Ecuatoriana, ed. Regina, 9ª. Edición, 1990.

martes, 1 de febrero de 2011

SOLEMNIDAD VIRGEN DE SUYAPA

Mi querido amigo, el Padre Rafael Alvarado, me envió a mi correo electrónico un materia excelente del joven Gerardo Ariel Gómez, ex sacristan de la capilla de la colonia Sinaí de la Parroquia San José Obrero de Comayagüela.
Con el debido permiso de Gerardo aqui está la liturgia de Santa María de Suyapa con su deposito eucológico, las rúbricas y las lecturas.

SANTA MARIA DE SUYAPA
“Madre de la Misericordia”

El monitor nos ambienta sobre la Sagrada Liturgia de este día, con estas palabras:

Sean bienvenidos a la Casa de Dios y de su Madre Santísima, María de Suyapa.
Hoy es un día especialmente gozoso para todos los hondureños, que celebramos en María de Suyapa los rasgos más profundos de nuestra identidad nacional.
Los frutos de la fiesta de este día se realizan en nosotros cada vez que, a imitación de María, estamos dispuestos y atentos a comprender y vivir en nosotros y con los nuestros la voluntad del Padre. Con San Pablo, nosotros también podemos hoy clamar a Dios Padre que ha hecho de Honduras una tierra bendita, heredera del reino.
Finalmente, revisando los acontecimientos que en el último año hemos vivido como nación y como individuos exclamemos, citando al salmista: Que el Señor tenga piedad de Honduras y nos bendiga.
Recibamos al P. _____________ y a quienes les acompañan en la procesión de entrada. De pie, cantemos.

Canto de entrada
Entrada de los ministros y saludo a la Mesa-Altar.

SALUDO

El presbítero canta:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

El pueblo responde:

Amén.

El presbítero con las manos extendidas saluda al pueblo con estas palabras:

El Señor Jesucristo, el Hijo de Santa María de Suyapa, este con ustedes.

El pueblo responde:

Y con tu espíritu.


ACTO PENITENCIAL


Segunda fórmula

El sacerdote invita a los fieles al arrepentimiento:

Hermanos: Antes de celebrar los sagrados misterios reconozcamos nuestros pecados.

Se hace una breve pausa en silencio.
Después el sacerdote dice:

Señor, ten misericordia de nosotros.

El pueblo responde:

Porque hemos pecado contra ti.

Sacerdote:

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

El pueblo responde:

Y danos tu salvación.

El sacerdote concluye con la siguiente plegaria:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

Siguen las invocaciones Señor, ten piedad.

A continuación se canta el himno de Gloria.

Acabado el himno, el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oracion colecta:

Oremos.
Oh Dios, que te has dignado darnos como Madre y Reina de esta República, a la Santísima Virgen María de Suyapa, madre de tu Hijo amado, concédenos propicio que disfrutando en la tierra de su maternal auxilio en nuestras necesidades, un día lleguemos a gozar de su feliz compañía en el cielo.
Por nuestro Señor Jesucristo.

LITURGIA DE LA PALABRA

Sigue ahora la Liturgia de la Palabra de Dios. El monitor introduce la proclamación de cada lectura con estas palabras:

Primera lectura: Gálatas 4, 4-7
Si algo nos recuerda la siguiente lectura es que en Dios nada es improvisado. Él sabe preparar con tiempo a su pueblo para gozar de su salvación. Solo la docilidad al Espíritu Santo nos hará comprender sus designios. Atentos.

Salmo responsorial: Sal. 66
Bendecir es sobre todo proclamar el poderío y la gloria de Dios, reconociendo sus obras entre los hombres. A esto nos convoca el salmo 66. Participemos de este canto junto con quien hoy lo proclama.

Evangelio: Lucas 1, 26 - 38
La grandeza de María se fundamenta en su capacidad para escuchar con humildad y aceptar libremente las propuestas de Dios. Con ella aprendemos que no hay en la vida mayor felicidad que la de someterse dócilmente a la voluntad de Dios. De pie.

Acabada la homilía, si está prescrito, se hace la profesión de fe:

PROFESIÓN DE FE (Credo Niceno Constantinopolitano)

Después se hace la oración universal u oración de los fieles:

ORACIÓN DE LOS FIELES

R. Virgen de Suyapa, intercede por nosotros.

* Para que la fe libre de servidumbres ajenas a toda la Iglesia: Al Santo Padre, a nuestro Obispo y nuestros Sacerdotes y nos lleve a vivir en el servicio y la entrega, tal como María mostró a lo largo de su vida terrenal. Oremos.

* Por todos los hombres y mujeres que viven inmersos en el miedo, la apatía, la duda, para que el Señor, mediante la mediación de la Virgen, les traiga la confianza y les devuelva la paz a ellos y los suyos. Oremos.

* Por las familias, para que viviendo en profundidad su compromiso sean testimonio para sus hijos y para el mundo de que se puede amar desde la gratuidad y la entrega, como ocurría en el seno de la Sagrada Familia. Oremos.

* Por nuestra parroquia de San José Obrero y por todos los que estamos celebrando esta eucaristía, en el día de Santa María de Suyapa, para que el Señor Jesús, su Hijo, renueve nuestra fe y nos haga testigos de la resurrección en nuestro mundo. Oremos.

LITURGIA EUCARÍSTICA

Acepta, Señor, los dones que te presentamos en esta fiesta de Nuestra Señora de Suyapa, y haz que este sacrificio nos dé fuerza para cumplir tus mandamientos como verdaderos hijos de la Virgen María.
Por Jesucristo nuestro Señor.

PREFACIO DE SANTA MARIA VIRGEN III


El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno,
y alabarte debidamente
en esta celebración en honor
de la Virgen María.
Ella, al aceptar tu Palabra con limpio corazón,
mereció concebirla en su seno virginal,
y al dar a luz a su Hijo preparó
el nacimiento de la Iglesia.

Ella, al recibir junto a la cruz
el testamento de tu amor divino,
tomó como hijos a todos los hombres,
nacidos a la vida sobrenatural
por la muerte de Cristo.

Ella, en la espera pentecostal
del Espíritu, al unir sus oraciones
a las de los discípulos,
se convirtió en el modelo
de la Iglesia suplicante.

Desde su asunción a los cielos,
acompaña con amor materno a la Iglesia peregrina,
y protege sus pasos hacia la patria celeste,
hasta la venida gloriosa del Señor.

Por eso, con todos los ángeles y santos,
te alabamos diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo…

PLEGARIA EUCARÍSTICA III

Santo eres, en verdad, Padre,
y con razón te alaban todas tus criaturas,
ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro,
con la fuerza del Espíritu Santo,
das vida y santificas todo,
y congregas a tu pueblo sin cesar,
para que ofrezca en tu honor
un sacrificio sin mancha
desde donde sale el sol hasta el ocaso.

Por eso, Padre, te suplicamos
que santifiques por el mismo Espíritu
estos dones que hemos separado para ti,

de manera que sean
Cuerpo y Sangre de Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro,
que nos mandó celebrar estos misterios.

Porque él mismo,
la noche en que iba a ser entregado,
tomó pan,
y dando gracias te bendijo,
lo partió
y lo dio a sus discípulos, diciendo:

TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

Del mismo modo, acabada la cena,
tomó el cáliz,
dando gracias te bendijo,
y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES
Y POR MUCHOS PARA EL
PERDÓN DE LOS PECADOS.
HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

Éste es el sacramento de nuestra fe.

Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

Así, pues, Padre,
al celebrar ahora el memorial
de la pasión salvadora de tu Hijo,
de su admirable resurrección y ascensión al cielo,
mientras esperamos su venida gloriosa,
te ofrecemos, en esta acción de gracias,
el sacrificio vivo y santo.

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia,
y reconoce en ella la Víctima
por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad,
para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo
y llenos de tu Espíritu Santo,
formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

Que él nos transforme en ofrenda permanente,
para que gocemos de tu heredad
junto con tus elegidos:
con María, la Virgen Madre de Dios,
los apóstoles y los mártires,
y todos los santos,
por cuya intercesión
confiamos obtener siempre tu ayuda.

Te pedimos, Padre,
que esta víctima de reconciliación
traiga la paz y la salvación al mundo entero.
Confirma en la fe y en la caridad
a tu Iglesia, peregrina en la tierra:
a tu servidor, el Papa N.,
a nuestro Obispo N.,
al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos,
y a todo el pueblo redimido por ti.
Atiende los deseos y súplicas de esta familia
que has congregado en tu presencia.
Reúne en torno a ti, Padre misericordioso,
a todos tus hijos dispersos por el mundo.

A nuestros hermanos difuntos
y a cuantos murieron en tu amistad
recíbelos en tu reino,
donde esperamos gozar todos juntos
de la plenitud eterna de tu gloria,

Por Cristo, Señor nuestro,
por quien concedes al mundo todos los bienes.

Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.

Amén.

RITO DE COMUNIÓN

Fieles a la recomendación del Salvador
y siguiendo su divina enseñanza,
nos atrevemos a decir:

Padre nuestro, que estás en el cielo
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue él solo:

Líbranos de todos los males, Señor,
y concédenos la paz en nuestros días,
para que ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida
de nuestro Salvador Jesucristo.

El pueblo concluye la oración aclamando:

Tuyo es el reino,
tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

El sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:

Señor Jesucristo,
que dijiste a tus apóstoles:
'La paz os dejo, mi paz os doy',
no tengas en cuenta nuestros pecados,
sino la fe de tu Iglesia
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.

Tú que vives y reinas
por los siglos de los siglos.

El pueblo responde:

Amén.

El sacerdote, extendiendo y juntando las manos, añade:

La paz del Señor esté siempre con vosotros.

El pueblo responde:

Y con tu espíritu.

Luego, si se estima oportuno, el diácono o el sacerdote añaden:

Daos fraternalmente la paz.

Y todos, según la costumbre del lugar se dan la paz.

El sacerdote deja caer en el cáliz una parte del pan consagrado, diciendo en secreto:

El Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna.

Mientras tanto se canta o se recita:

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
danos la paz.

El sacerdote reza en secreto la oración para la comunión:

Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre no sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como remedio saludable.

El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado, lo eleva y lo muestra al pueblo, diciendo:

Este es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Y, juntamente con el pueblo, añade:

Señor, no soy digno
de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya
bastará para sanarme.

RITOS FINALES

Después de la comunión y del silencio sagrado, de pie en la sede, el sacerdote dice:

Oremos.
Después de celebrar la Eucaristía, te rogamos, Señor, que nos ayudes, por intercesión de nuestra Señora de Suyapa, a reconocernos y amarnos como verdaderos hermanos.
Por Jesucristo nuestro Señor.

En este momento se hacen, si es necesario, y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.

Después tiene lugar la bendición y envío:

BENDICIÓN SOLEMNE

El Dios, que en su providencia amorosa quiso salvar al género humano por el fruto bendito del seno de la Virgen María, les colme de sus bendiciones.
R. Amén.

Que les acompañe siempre la protección de la Virgen, por quien han recibido al Autor de la vida.
R. Amén.

Y a todos ustedes, reunidos hoy para celebrar con devoción esta fiesta de Santa María de Suyapa, el Señor les conceda la alegría del Espíritu y los bienes de su reino.
R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
R. Amén.

LECTURAS
SANTA MARIA DE SUYAPA

Solemnidad


PRIMERA LECTURA

Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4, 4 -7

Hermanos:
Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.
Como son hijos, Dios envió a sus corazones el Espíritu de su Hijo que clama: « ¡Abba! Padre.» Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial sal. 66, 2 - 3, 5 - 6, 8

R. El Señor tenga piedad y nos bendiga.

Que Dios tenga piedad y nos bendiga,
Ilumine su rostro entre nosotros,
Conozca la tierra tus caminos;
Las naciones tu salvacion. R.

Que canten de alegría las naciones
Porque riges el mundo con justicia.
Con rectutid riges los pueblos y
Gobiernas las naciones de la tierra. R.

La tierra ha dado su fruto: nos bendice
El Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga y que le teman
Los confines todos de la tierra. R.

EVANGELIO

He aquí la esclava del Señor, hágase en mí como haz dicho

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 26 – 38

En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José.
El nombre de la virgen era María. El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo».
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido.
Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».
María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?» El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra.
Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios».
María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho».Y el Ángel se alejó.

Palabra del Señor.

lunes, 24 de enero de 2011

IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURAS DOMINICALES

Sofonías 2, 3; 3, 12-13 Yo dejaré en medio de ti, pueblo mío, un puñado de gente pobre y humilde.

Salmo 145 R/ Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

I Corintios 1, 26-31 Por obra de Dios, ustedes están injertados en Cristo Jesús.

Mateo 5, 1-12a Dichosos los pobres de espíritu


IV Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A
San Mateo 5, 1-12a: La felicidad no admite atajos
Autor: Padre César Tomás Tomás


LA FELICIDAD NO ADMITE ATAJOS

El botellón se adelantó. A las cuatro de la tarde, por la avenida hacia arriba, subían pandillas de adolescentes, casi niños, con botellas en bolsas de plástico. Es su manera de celebrar el Jueves Lardero. A la fiesta del encuentro popular y de la gastronomía de cada región se le ha añadido desde hace algún tiempo el consumo desmesurado de alcohol entre la gente joven.

Es un componente más de la búsqueda de la felicidad rápida de nuestra sociedad actual. Puede ser también otra forma más de espantar el vacío que se va produciendo desde edades tempranas…

¿Qué piensas tú…?

En el Evangelio de hoy Jesús nos habla de la verdadera felicidad. Las Bienaventuranzas significan el camino hacia la felicidad verdadera. Bienaventurado es sinónimo de feliz, dichoso, etc. La bienaventuranza, la felicidad que nos anuncia y a la que nos invita Jesús en el Evangelio no es un camino fácil ni una evasión pasajera. Tampoco es un mecanismo de justificación de las cosas que hacemos mal y nos cuesta rectificar. Exige una actitud continua ante la vida. Crece en el amor a Dios y se expresa con los demás en la vida diaria.

La felicidad del Evangelio, la bienaventuranza, no admite equívocos: soy feliz o desgraciado; feliz o desdichado (sin dicha); soy feliz o gris; soy feliz o ‘carne de cañón’ que se confunde con el ambiente, sin contraste, sin nada relevante.

En los dominios de la pseudofelicidad está la apariencia: en lugar de buscar de lleno la felicidad podemos camuflarnos con la careta del carnaval: disimular como si fuéramos felices, con los ojos llenos de tristeza y de deseos ocultos; hablar como si eligiéramos la pobreza, encubriendo nuestra codicia; alardear de nuestra limpieza, tapando debajo de la alfombra la suciedad que nos impregna; vocear pacifismos, siendo conscientes de nuestra violencia hasta doméstica y en rivalidad con los más cercanos; proclamar la misericordia, con la intransigencia de nuestra vida.Todos los anuncios de los medios de comunicación y de las paredes de las calles nos ofrecen la felicidad soñada: mensajes que apuntan soluciones rápidas y eficaces de felicidad dirigidos a nuestros bolsillos o a nuestros instintos. Incautos de nosotros que picamos en ellos y constatamos (como en la tentación y caída del Paraíso bíblico) que no sólo no nos dan la felicidad prometida sino que nos quedamos con una insatisfacción enorme, con los instintos en estado salvaje y los bolsillos vacíos o envilecidos.

La felicidad y bienaventuranza que nos pide Jesús pasa por el desprendimiento y por no llamar dios a nada ni a nadie que no sea Él.

La frase que se repite en las Bienaventuranzas es: “… serán llamados hijos de Dios”. ¡Qué alegría más grande ser llamados hijos de Dios, pero no por los hombres a los que puedo confundir o engañar; sino que esta alabanza esté pronunciada por el mismo Dios en lo más profundo de mí ser! La dicha auténtica se mide por la resonancia y el eco verdadero que provoca nuestra vida en los demás: paz, misericordia, entrega...

De los santos (verdaderos bienaventurados) decimos que han sido un regalo de Dios para la humanidad. Pues bien: creo que la vocación singular y universal de cada uno es la llamada a ser y hacer de nuestra vida un verdadero regalo de Dios para los demás. Cuando no es así es porque llevamos en nuestra historia personal residuos o grandes porciones de malaventuranza, de desdicha, de infelicidad, de la semilla del mal.

La felicidad, la bienaventuranza es como el vino bueno, de solera: requiere tiempo, no admite atajos.

La felicidad total la disfrutaremos en el Cielo; mientras tanto, las bienaventuranzas son el camino, la tensión constante, la manera de andar y de vivir, el termómetro de nuestro estado, la solución personal a tantos interrogantes sobre el sentido de la vida o el quehacer cotidiano. No se nos da ahora plenamente pero sí que disfrutamos ya de sus dones: tranquilidad de conciencia, transparencia, ojos limpios que no tenemos que bajar ante nadie, paz interior que se irradia automáticamente a los demás…

Proclamar en el Evangelio de hoy las Bienaventuranzas de Jesús es la mejor manera de quitar de nuestra vida todas las caretas y disfraces que nos vamos poniendo en nuestra historia y nos preparan para la ceniza del miércoles como entrada al tiempo de conversión, alegría profunda y cambio que es la Cuaresma. ¡Bienaventurados nosotros que tenemos esta oportunidad!


NOTAS LITÚRGICAS

Color litúrgico: Verde

Misa propia del domingo IV.

Se canta Gloria.

Se dice Credo.

Prefacio Dominical IV

Liturgia de las Horas Tomo III, semana IV, I vísperas pág. 1151, oficio de lectura pág. 1156, laudes pág. 1160, II vísperas 1169 y el oficio del día pág. 114

De la feria de la IV semana:
Lunes 31: San Juan Bosco, Presbítero, Memoria Obligatoria, color: Blanco. Hb 11, 32-40/Sal 31 (30)/Mc 5, 1-20

Martes 1: De la feria de la III semana, color: Verde. Hb 12, 1-4/ Sal 22 (21)/Mc 5, 21-43

Miércoles 2: La Presentación del Señor, Fiesta, color: Blanco. Mi 3, 1-4/Sal 24 (23)/Hb 2, 14-18/Lc 2, 22-40

Jueves 3: Nuestra Señora de Suyapa, Solemnidad, color: Blanco. Hb 1, 12-14/Sal 67 (66)/Gál 4, 4-7/Lc 1, 26-38 (En Honduras)
Fuera de Honduras: De la feria de la IV semana, Color: Verde, o
San Blas, Obispo y Mártir, Memoria Libre, Color: Rojo, o
San Oscar, Obispo, Memoria Libre, Color: Blanco. Hb 12, 18-19. 21-24/Sal 48 (47)/Mc 6, 7-13

Viernes 4: Feria de la IV Semana, color: Rojo, o
En la Republica Mexicana: Santa Águeda, Virgen y Mártir, Memoria Obligatoria, color: Rojo. Hb 13, 1-8/Sal 27 (26)/Mc 6, 14-29

Sábado 5: Feria de la III semana, color: Verde. 0
Santa María en Sábado, Memoria Libre, Color: Blanco, o
Santa Águeda, Virgen y Mártir, Memoria Obligatoria, color: Rojo.
San Felipe de Jesús, Protomártir Mexicano, Fiesta en México, Color: Rojo. Hb, 13, 15-17. 20-21/Sal 23(22)/Mc 6, 30-34

La razón de que Santa Águeda se celebre, en México, el día 4 y no el 5 como el resto de las Iglesias, se debe a que San Felipe de Jesús, Protomártir mexicano, se celebra ese día, cabe mencionar de la importancia de los dos mártires y es por eso que se decide pasar del día 5 de febrero a Santa Águeda al 4 para celebrar su memoria y dejar a San Felipe en el día de su glorioso martirio ¡Salud Hermanos mexicanos!


MONICIONES

Monición de entrada:
En el día de hoy, la Palabra de Dios nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del Reino de Dios y de sus miembros. El Reino de Dios es de aquellos que tienen alma de pobre.

Primera lectura:
El verdadero Israel es la fracción humillada del pueblo, que es explotada sin renegar de la fidelidad a Dios.

Segunda lectura:
Dios hace nacer su Iglesia entre los pobres y los humildes.

Santo Evangelio:
El Reino de los Cielos esta en los pobres, los humildes, los pequeños, los últimos, los vencidos y los fracasados.

Oración Universal:
Invoquemos, hermanos, con corazón unánime y plegaria ferviente, a Dios Padre, fuente y origen de todo bien:

1. Por la santa Iglesia, reunida aquí en el nombre del Señor y extendida por todo el mundo, roguemos al Señor.

2. Por nuestra ciudad (nuestro pueblo) de N., por su prosperidad y por todos los que en ella (él) moran, roguemos al Señor.

3. Por los que están de viaje, por los enfermos y prisioneros, por los pobres y todos los que sufren, roguemos al Señor.

4. Por nuestros hermanos difuntos, para que Dios los reciba en su reino de luz y felicidad, roguemos al Señor.

Dios nuestro, que has prometido a los pobres y humildes la felicidad del reino eterno, escucha nuestras oraciones y no permitas que tus fieles se dejen seducir por los engaños del mundo, antes bien, a semejanza de los humildes del Evangelio, sigan con fidelidad a su esposo y Señor y experimenten así la fuerza de su Espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.



Bibliografía:

Moniciones tomadas de “Moniciones para la Misa” de Juan Castex Anaya, Ed. Verbo Divino, pág. 164.

La Oración universal de “Roguemos al Señor” de Pbro. Pedro Farnés Scherer, Ed. Buena Prensa, 2010, pág. 150-151.

Homilía tomada de: http://www.homiletica.org/cesartomastomas025.htm

Notas litúrgicas tomadas de:

Calendario litúrgico-pastoral 2011, ed. Buena Prensa, México.

Misal Romano, Conferencia del Episcopado Mexicano, ed. Obra Nacional de la Buena Prensa, 17ª edición, 2008.

Liturgia de las Horas, Tomo III, Conferencia Episcopal Ecuatoriana, ed. Regina, 9ª. Edición, 1990.